Antes de que me duelas, prefiero dolerte,
prefiero que me odies, a ser yo enfermera sin utensilios que intenta persuadir el dolor de una herida que no tiene ni cura ni sutura, ni cicatriz.
Prefiero ser el payaso sin gracia, al que despidan por falta de vocación,
prefiero ser el circo romano de tu cama en el que la princesa mata a la bestia,
me gustaría ser la mala pesadilla de la que te despiertes antes de ser tu; la pesadilla de la que no quiero despertar,
no quiero ser el efecto de un desamor, prefiero ser la causa y el efecto de un antidepresivo; hay cosas que duelen y que adicionan y difícilmente seas una droga fácil a la que desengancharme.
Me gustarías más si me eligieras como la colilla bien apagada, más que como el cigarro recién encendido que quema abundantes hectáreas.
Eso si no confundas realidad con hipótesis, ya que no te olvides que si de mi dependieras, no te irías jamás