miércoles, 28 de mayo de 2014

El poder de solo un rato

Me gustaría ser el viento y sus ademanes de ente poderoso,
me gustaría que no se avergonzara, si desnudo su sonrisa,
ni que se asustara, si fuera yo quien rompiera las costuras de la blusa que entre abierta llama consecuentemente a mi no cordura.

jueves, 22 de mayo de 2014

Todo lo que la lluvia debe al sol, se lo debe el sol al agua.

Me rendí ante las suplicas del querer,
y agoté mis fuerzas queriéndote.

Alcé la mirada y me crecí,
te vi entre los terribles sueños en los que batallaban ángeles y demonios,
 y ahí estabas tu; inmutable, perecedera.
Fijando tus ojos sobre los míos, ni una pizca más arriba ni más abajo,
simplemente miraste mis ojos.

Y todo aquello que las malas bestias destruyeron, tu supiste recomponer los mil pedazos que ya hechos añicos aún seguían lamentándose.
Esta vez no hablo de la musa, de la que escribo,
hablo del ángel, de mi ángel,
hablo de la bailarina de los amantes rotos,
la bailarina de las alas de sal.

¡Me reafirmo!, tantas horas, tanto papel, tanta tinta, tantos cafés y tan poco humo, emanan esta fluidez con la que soy capaz de añorar, de soñarte, contemplarte, amarte... ¡joder, que me salvaste!.

Que la lluvia, no es lluvia sí solo consta de una gota; y que el sol no se ve, sí hay nubes de por medio; la hierva no brota sin su semilla; y que el vuelo no se alza sí faltas tú.

Que en las estrellas hallo respuestas y en tus labios; heridas ya cicatrizadas que hablan de religiones amadas, hablan de mi creencia en ti.

No me gustaría asustarte si te digo: que te mataría mil veces sí a besos fuera, recuerda que eres todo lo que la lluvia debe al sol, y todo lo que el sol debe al agua.


martes, 13 de mayo de 2014

CARTA DE MI, PARA MI.

Ya no dueles,
dejaste de hacerlo,
supongo que tras quitarme lo único que ansiaba,
dejaste de hacerlo.

Ya no te hallas bajo los pensamientos recónditos de mi alma,
tampoco tras la ventana, acechando al alba,
esperando a bostezar para atentar contra mi mente, mis metas...
di por hecho que ya no te interesaba.

Pensé que tus últimas palabras serían los te quiero, pero por no decir no dedicaste ni un suspiro,
no exhalas ni siquiera el aire que durante años quisiste arrebatarme,
no tuviste dignidad para hacerlo.

No devolviste todos los balones que echaste fuera, ¿a quién se los diste?
y aun me duele el cuello de soportar tanto tiempo el yugo que arrastraba tu cuerpo, el mío.
aquel del que no parabas de excusar, de tirarme, de empujarme, o tal vez fui yo a ti.

Hoy me desprendo, de ti, de tus más sinceras lágrimas, creo que ellas sí fueron de verdad,
y hoy vuelvo a soñar con un pie en la tierra, que creo que me lo merezco, todos mis seres andan por acá.
Y si quieres regresar, llama antes a la puerta, aunque sea solo por cortesía,
creo que necesitaré hacerme a la idea de que aun sigues viva y que se te van acabando las victimas, a las que culpar de tu irresponsabilidad, de tu falta de control de autoestima,
de tus "y si..."y "y es que".
Ten compasión de la persona que te acompaña ahora, y no te olvides de que tú solo eres sombra.

martes, 6 de mayo de 2014

DIEZ AÑOS PARA DOS SEGUNDOS

Se miraron y con el alma en un puño aferrado al adiós, contuvieron las lágrimas que marchitaban sin cesar, dejando lugar al olvido y otro tanto al efímero recuerdo.
Dolor, dolor era la palabra justa, precisa, que desbordante y palpable infestaba aquella habitación color salmón con vasos color carmín. Mientras, aquella señora que de carácter altivo y con aires de buena desenvoltura apuraba la copa de vino, el  cigarrillo  yacía obsoleto en el cenicero. El humo, testigo de todo, se esparcía igual que aquella relación.
 No eran citas de Borges lo que aquella tarde escuchó el vecindario, ni percibió el olor a gardenias impregnado en las cortinas.
Una vida entera construida en diez años y que se deshace en dos segundos, tras el portazo rotundo con el que concluía el concierto de, “tú me has” y “yo te he”, nuestra protagonista Daniela.
Por entonces, un disco de Adriana Varela sonaba despreocupado, nadie le prestaba  atención.
Mariela, aquella mujer de origen cubano, de cabello rizado y teñido, de pechos exuberantes y piernas de infarto, de aspecto desalmado, esperaba paciente sentada en el sofá, a que aquel hombre pagara lo que debiera, mientras tanto se encendía el último porro de la tarde, más bien anocheciendo.
La noche fresca y la brisa del mar aireaban a Daniela, que permanecía distante, ojeando la salida de un ferry desde el puerto de Barcelona, ideando el modo perfecto de escape de dichoso lugar.
Con la mente nublada paseaba por las ramblas camino de la Boquería. Con paso firme, puño cerrado, ceño fruncido y derramando lágrimas que  salían despedidas, escupiendo maldiciones grotescas, contra esta pasada tarde.
Se detenía a hurtadillas y miraba con recelo a las parejas que, embelesadas observaban cada mimo que posaba por la calle de la magia barcelonesa, festejaban su amor, llovían besos empalagosos y cohetes coloridos sonaban en la calle, claro está que, en la cabeza de nuestra protagonista tronaban como si de una horrible tormenta eléctrica se tratase.
 Poco a poco pesaban más los pensamientos y el frío no pasaba desapercibido, un obstáculo más que añadir a esta fatídica situación, el vodka tampoco ayudaba; no, no ayudaba.
Y progresivamente la luz del Lorenzo se alzaba como un rey, majestuoso, que supo hipnotizar a todo transeúnte, que dicha madrugada pintaba bajo el insomnio, un millón de sueños en las baldosas y otros tantos esputos entre adoquines.


Pronto las decisiones bombardearon la resacosa, cansada y náufraga cabeza de Daniela que, tras una noche divagando por la ciudad, supo que debía hacer frente. No podría abandonar sus pertenencias ni tampoco dar la espalda a la conversación citada a voces, sabía que, ya era hora de dibujar una sonrisa y de emborracharse de positividad. ¿Qué será difícil? Obvio, pero nadie dijo que no lo fuera.
Y fue ahí, dónde una mujer feliz durante diez años, en una transición de dos segundos se convirtió en la mujer más desamparada, desdichada  y cuidada por la contaminación de la gran ciudad para luego volver a ser, la misma mujer feliz, pero con diferente propósito, emprendedora de su propia vida.
Una vez más, perdió la guerra el “quiso y no pudo”.

DOLÍA EL PASADO, MIENTRAS CURABA EL PRESENTE.

Dolían sus palabras que frías y escarchadas dejaban entrever un desdichado te quiero.
Dolían los cigarros que se consumían sin motivo, ahogando los pulmones de quien supo
 y no pudo amar.
Maldito abismo.
Dolía el café de las cinco y su despojos, que ya habían atendido mil y una súplicas de
dejar de hacernos daño.
Dolían las canciones y la cerveza, que sin su espuma no sabía igual.
Dolían lo quehaceres y los muebles de la casa, que crepitaban sin más.
Dolía su fantasma, como bien dijo Silvio Rodríguez, cantando y llorando al compás.
Y dolían los lugares en los que sus besos causaron estragos en cada portal.
Dolió, lo comprendí y lo superé.
Y entonces la conocí a ella,
conocí el sabor de los besos,
y vencí la batalla del corazón hostil,
del querer abrupto.
Esculpí en mi mente su mirada,
y rogué, cuanto fuera necesario, a no sé  que ser supremo,
que esta vez no se fuera de mi lado.
Y saboreé nuevos cafés, cigarros y cervezas,
nuevos portales, parques y terrazas,
 la he querido en la playa y en la montaña,
en conciertos, recitales y en la cama.
La he querido, conjugado, la he amado.

Y hoy por hoy la amo más que nunca.