martes, 6 de mayo de 2014

DOLÍA EL PASADO, MIENTRAS CURABA EL PRESENTE.

Dolían sus palabras que frías y escarchadas dejaban entrever un desdichado te quiero.
Dolían los cigarros que se consumían sin motivo, ahogando los pulmones de quien supo
 y no pudo amar.
Maldito abismo.
Dolía el café de las cinco y su despojos, que ya habían atendido mil y una súplicas de
dejar de hacernos daño.
Dolían las canciones y la cerveza, que sin su espuma no sabía igual.
Dolían lo quehaceres y los muebles de la casa, que crepitaban sin más.
Dolía su fantasma, como bien dijo Silvio Rodríguez, cantando y llorando al compás.
Y dolían los lugares en los que sus besos causaron estragos en cada portal.
Dolió, lo comprendí y lo superé.
Y entonces la conocí a ella,
conocí el sabor de los besos,
y vencí la batalla del corazón hostil,
del querer abrupto.
Esculpí en mi mente su mirada,
y rogué, cuanto fuera necesario, a no sé  que ser supremo,
que esta vez no se fuera de mi lado.
Y saboreé nuevos cafés, cigarros y cervezas,
nuevos portales, parques y terrazas,
 la he querido en la playa y en la montaña,
en conciertos, recitales y en la cama.
La he querido, conjugado, la he amado.

Y hoy por hoy la amo más que nunca.

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