Me rendí ante las suplicas del querer,
y agoté mis fuerzas queriéndote.
Alcé la mirada y me crecí,
te vi entre los terribles sueños en los que batallaban ángeles y demonios,
y ahí estabas tu; inmutable, perecedera.
Fijando tus ojos sobre los míos, ni una pizca más arriba ni más abajo,
simplemente miraste mis ojos.
Y todo aquello que las malas bestias destruyeron, tu supiste recomponer los mil pedazos que ya hechos añicos aún seguían lamentándose.
Esta vez no hablo de la musa, de la que escribo,
hablo del ángel, de mi ángel,
hablo de la bailarina de los amantes rotos,
la bailarina de las alas de sal.
¡Me reafirmo!, tantas horas, tanto papel, tanta tinta, tantos cafés y tan poco humo, emanan esta fluidez con la que soy capaz de añorar, de soñarte, contemplarte, amarte... ¡joder, que me salvaste!.
Que la lluvia, no es lluvia sí solo consta de una gota; y que el sol no se ve, sí hay nubes de por medio; la hierva no brota sin su semilla; y que el vuelo no se alza sí faltas tú.
Que en las estrellas hallo respuestas y en tus labios; heridas ya cicatrizadas que hablan de religiones amadas, hablan de mi creencia en ti.
No me gustaría asustarte si te digo: que te mataría mil veces sí a besos fuera, recuerda que eres todo lo que la lluvia debe al sol, y todo lo que el sol debe al agua.
Es precioso, me encanta lo que has escrito aquí y en resumen, todo lo que has escrito en esta página. No dejes de escribir, por favor!
ResponderEliminarAunque... más bella eres tú.