El silencio incomodo que llenaba el terco vacío del que quisieron disponer tus ganas y las mías,
ganas... ganas de besarte la comisura de los labios,
ganas... ganas, ganaste, perder, perderme yo bajo el insufrible contoneo de tus caderas.
Dabas un paso al frente tentando a ciegas lo que ni yo siquiera sabía que quería,
y mirabas y yo te evitaba y volvías a mirar, y sonreía.
Y vuelta al silencio incomodo que esta vez ya alentaba a mis manos.
Te escuchaba, te deseé, te miré dije adiós. "El portazo sonó a puntos suspensivos... " un hueco entre realidad y deseo.
Y en eso quedó todo, en las ganas, la tarde que ansiaba, la canción que nunca sonó, los quehaceres del hogar, la poesía que no me atreví a escribir sobre tu cuerpo, la oportunidad que jamás volverá a suceder, el beso que saboreé antes de tiempo, el crepitar de una tranquilidad-tensión, una nevera vacía, una guitarra sin cuerdas y la cerveza sobre mis manos, y tu empotrada en la distancia
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